A todos nos gustar237;a que nuestra vida fuese un verano perpetuo: vacaciones junto a la pareja, familia o amigos; diversi243;n y placer. Pero en nuestra vida, al igual que en la Naturaleza, el cambio es constante y lo que nos parec237;a seguro, cualquier ma241;ana deja de serlo.
Le tememos al cambio, lo vemos como una amenaza a nuestro bienestar personal. Creemos que debemos evitarlo a toda costa. Sin embargo, el cambio es un acontecimiento natural y podemos convertirlo en un don que nos permita avanzar en nuestro desarrollo personal. E incluso mejorar nuestra vida familiar e 237;ntima.
Acept233;moslo al igual que lo vemos suceder en la Naturaleza cada a241;o.
Siguiendo el ritmo de las estaciones, notamos los primeros avisos del cambio que est225; por llegar. Es el Oto241;o. Enfrentados a una nueva situaci243;n o reto, nos retiramos a nuestro interior para reflexionar. Estamos en Invierno. Pasado un cierto tiempo, encontramos un camino, elaboramos un plan y lo ponemos en acci243;n. Llega la Primavera y con ella se renueva la esperanza. Al avanzar m225;s en nuestro camino, recogeremos, en un metaf243;rico verano, los frutos de nuestra labor.